AMALIA: la historia de una maestra ejemplar

AMALIA: la historia de una maestra ejemplar

(Nuevo Ángulo) - Cuando su tía comenzó a llevarla desde niña a la escuela en que trabajaba, allí, sentada en un pupitre observándola, Amalia Ramírez intuyó que ya no habría otro destino posible. El magisterio se le metió por las venas. Años después, la pasión la llevó como maestra de ciencias a la escuela elemental Pedro Millán Rivera, en el barrio Bairoa de Caguas.

Pero fue un intento fallido en busca de acreditación para la escuela cuando lo pondría a prueba. La escuela no contaba con biblioteca ni bibliotecaria. ¡Resuelto! Se fue a estudiar bibliotecología. Luego consiguió una covacha en el plantel que no tenía ventanas. La vació, la pintó y le colocó abanicos, pero aún faltaban los libros. Con la camioneta de su esposo, Ramírez no dejó librerías sin visitar para que se los donaran. Y así, con la buena fe y eventuales propuestas a la Asociación de Bibliotecarios Escolares logró la meta: una biblioteca debidamente equipada.

Pero su mente inquieta no le permitió descanso. Se propuso otra meta: estudiar la maestría en administración y supervisión con el objetivo de ser la directora de la escuela Diego Vázquez, en la Barriada Morales. Le decían que estaba loca porque se trataba de una escuela con un entorno problemático debido a la privación cultural y económica. Pero ese precísamente era el reto que ella quería vencer y lo consiguió. Cuando entró por primera vez al plantel, lo primero que vio fue a un niño sostenido en el aire por dos funcionarias de la escuela. Lo llevaban a la oficina. “Missi, si lo soltamos se va”, recuerda que le dijeron. Su reclamo de que le dejaran libre prevaleció y el niño no se fue. Observó alarmada que los maestros estacionaban sus carros en el patio de la escuela, lo que limitaba los espacios de recreo, sumado al riesgo de accidentes.

Poco a poco introdujo cambios. El patio sería para los niños. Para atajar los problemas de disciplina y violencia solicitó al alcalde que le pagara un maestro de Tai Chi. Los estudiantes empezaron a cambiar con los ejercicios y los padres vieron la diferencia. “Missi, esos ejercicios me los pueden enseñar a mí. Es que el nene cuando se pone bravo, hace esos ejercicios y se tranquiliza”, recordó que le decían.

Ese fue el primero de los pasos dados para la transformación de la escuela. En el camino, mucho personal se fue, pero los que llegaban se integrarían con ahínco. “La comunidad comenzó a vernos como colaboradores y a cambiar la relación con nosotros”, rememoró.En el interín, hubo momentos dolorosos como el asesinato de uno de los estudiantes que estuvo en la escuela. “El estaba en muchos problemas. Le había quemado la casa a su mamá. Era desafiante… pero tenía talento... Era el caricaturista oficial de la clase graduanda de sexto grado…”, dijo al recordar que los maestros le dieron atención especial reforzando sus fortalezas.

El niño se graduó de la escuela y al ir a séptimo no duró dos meses. Se involucró en narcotráfico y fue secuestrado, torturado y asesinado. “Lloré mucho. Pensaba, ¿hasta qué punto fuimos responsables de su muerte?, ¿qué dejamos de hacer?, ¿dónde fallamos como escuela?”, se cuestiono. Se percató que al graduarse de la escuela y enfrentar el nivel de intermedia los niños desertaban. La deserción era de un 58 por ciento. Comenzó a tocar puertas en el Departamento. Decían que no había suficiente dinero ni matrícula para añadir grados a su escuela, lo cual habría evitado que se matricularan en otro plantel.

“El argumento de la matrícula es una soberana estupidez. Si tú gradúas 14 estudiantes, son 14 menos en la calle”, reflexionó. Al entrar en contacto con el proyecto Caguas ciudad educadora y con el profesor Justo Méndez, logró acceso a la Subsecretaria de Educación, quien se percató de su entrega: “Me dijo: ‘te voy a dar el séptimo (grado), pero me tienes que demostrar que no se van a ir’. En ese momento yo le dije: le devuelvo mi año de sueldo al Departamento si un solo muchacho se va”.

Ramírez quería el nuevo grado para atender a los rechazados, a los de educación especial o con rezago que en otras escuelas no funcionarían. Quería dar enseñanza alternativa para quienes necesitaban atención diferente, con otro currículo que les fuese atractivo y en el que les respetaran. El ambiente que se creó fue tan reconfortante para los estudiantes que no se querían ir a sus casas aún después del horario extendido. Un día un niño de segundo grado entró a su oficina y le dijo: “directora, cuándo nos vamos a quedar a dormir aquí”. Eso fue suficiente para que Ramírez se pusiera a maquinar.

No solo hubo una noche de “camping” en la escuela en la que los niños disfrutaron al jugar en piscinas plásticas mientras observaban las estrellas. También pernoctarían una noche en el Jardín Botánico de Caguas con clases informales sobre la grama hablando de las constelaciones y los planetas. El año pasado un evento inesperado sacudió a la comunidad escolar. Un operativo federal se llevó bajo arresto a decenas de personas de la comunidad, entre ellos, padres, primos o hermanos de los escolares.

Los estudiantes habían trabajado duro para graduarse de sexto y los maestros no podían permitir que se desmoralizaran. Ramírez convenció a Noticentro 4 que cubriera en vivo parte de la graduación para que los padres en la cárcel pudieran compartir los logros de sus hijos. Actualmente, las maestras mantienen comunicación con las madres encarceladas. Le hablan de sus hijos, de cómo van en la escuela. Ramírez les refuerza la autoestima y envía lecturas a algunas para que al salir reenfoquen sus vidas. Los resultados se han ido sintiendo.

“Si miramos la barriada como era antes y como es ahora podemos ver la transformación… Hay un consejo integral que mantiene a los muchachos ocupados en los deportes cuando salen de la escuela… Se construyó una cancha preciosa y los muchachos no permiten que nadie venda drogas en ella. Los mayores pidieron materiales y equipo y arreglaron la cancha para los pequeños. Ellos se apoderaron de su espacio y dijeron esto es de nosotros y aquí nadie lo va a dañar”, relato.

Piensa que si esto continúa pasando llegará el momento en que la Policía no tendrá que intervenir: “Si desde la escuela los educamos, ellos van a querer vivir mejor. Tendrán otras metas, otras expectativas. Todos van a tener una profesión u oficio. El año pasado, en la escuela, trabajamos con los muchachos de octavo grado un plan para un año. Este año ellos deben hacer un plan de vida. Una vez logren hacer eso, los apoyaremos ubicándolos en la escuela más idónea para lograrlo. Parte de nuestra visión con los estudiantes es que los podamos monitorear en su trayectoria académica. Que nuestra relación con ellos trascienda el tiempo y nos convirtamos en sus mentores. Que no los dejemos al garete. Que puedan llamarnos si necesitan nuestro apoyo…”, apunto Ramírez, a quien el secretario de Educación reclutó el año pasado como ayudante especial a cargo del distrito escolar de Cidra con 47 escuelas y que es ahora el de mayor cumplimiento en la Isla.

El año pasado, Ramírez fue distinguida con el Premio a la Excelencia en el Servicio Público Manuel A. Pérez. Sobre la mala percepción que se tiene de la enseñanza pública, opino que se habla mal porque no se promueven las cosas buenas. Insistió en que si los medios las cubrieran, ese concepto cambiaría porque, de lo que pasa en los planteles, “un 75% son buenas”.

Para esta educadora de 36 años de experiencia, ni la crisis la haría abandonar el País porque “tenemos el deber de levantar el Sistema. Si se puede en un lugar con tanto rezago como la Barriada Morales y la escuela es una de excelencia, ¡claro que se puede!” “Mi esposo me dice que yo trabajo de gratis y en parte tiene razón. Sin embargo, hay cosas que el dinero no da. Esta es una de ellas. Si no hubiese tenido la oportunidad de dirigir la Escuela Diego Vázquez no hubiese conocido a esas personas. No hubiese podido ser parte de su transformación. Yo pienso que el día que yo vea a mis muchachos graduarse de noveno grado lloraré en cantidad pues voy a pensar en cómo les cambié la vida. Cómo habría sido si no hubiese existido la escuela intermedia en la Diego Vázquez. Cuando yo vea a un estudiante que está diagnosticado con autismo graduarse de noveno grado va ser una experiencia increíble. Sé que en una escuela tradicional no hubiese funcionado. Se hubieran burlado de él. Para mí trabajar en esta escuela, más que dirigirla, ha sido un apostolado. Yo lo veo así. Vine a servir…”, concluyó la educadora.


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