Mensaje de la Presidenta de la Asociación en los actos de graduación de Nuestra Escuela

Mensaje de la Presidenta de la Asociación en los actos de graduación de Nuestra Escuela

Mensaje de la presidenta de la Asociación de Maestros de Puerto Rico,

Dra. Aida Díaz, en la 20ª graduación de Nuestra Escuela

Jueves, 10 de septiembre de 2015 ● Caguas, Puerto Rico 

Muy buenas tardes a todas y todos:

Señora presidenta de la Junta de Directores, señora Sylvia López y demás miembros; profesor Justo Méndez Arámburu, presidente; señora Ana Yris Guzmán Torres, directora ejecutiva; administración; personal estudiantes e invitados todos.

Para mí es un honor estar aquí hoy ante ustedes, 187 jóvenes graduandos que han logrado su anhelo de completar su cuarto año gracias al sueño de una niña que partió a muy temprana edad no sin antes pedirle a sus padres que crearan una escuela para jóvenes fuera de la corriente regular. Hoy reflexionare junto a ustedes en torno al significado de una graduación. De las graduaciones anteriores de Nuestra Escuela, esta es una muy especial por ser la graduación que marca su 15 aniversario, quince años de trabajo duro e ininterrumpido producto de un sueño de vida.

Los veinte años de Nuestra Escuela simbolizan esa mirada profunda a los problemas que a diario confrontamos los educadores y sobre los que pocas veces profundizamos. Como todo, en nuestra obligación que se nos impone de cumplir con los estándares, las pruebas y lo que dictamina el gobierno federal, le ponemos más peso a la asistencia a la escuela, a una prueba  y las clases, que a la vida de ese estudiante, que eres tú, y tus razones, las razones por las que vienes a la escuela y por las que no.

En estos días habrán escuchado en las noticias que uno de los temas de los que se habla con insistencia es la educación; la educación pública. Se pretende “transformar” el Sistema Educativo, del cual salieron muchos de ustedes. La escuela que los acogió, pero que no los pudo retener, está cuestionada porque dicen que no sirve. Hoy, con ustedes y sobre ustedes, pretendo hablarles como dice Nuestra Escuela que para poder retenerlos hay que hacerlo: con el corazón. Sin embargo se puede retener un estudiante si tenemos 45 o 45 en un salón, si no se les da a los maestros tiempo para sentarse a dialogar con ese niño o con sus padres o tutores.

Después de más de una década presidiendo la Asociación de Maestros, una organización que se fundó en 1911 para defender la educación pública y el Magisterio, no son pocas las reflexiones que tengo sobre nuestra educación pública, la que afirmo y defiendo porque es lo único que tiene el pueblo. Digo que la afirmo porque creo en lo público, no necesariamente en la forma en que hoy se manejan muchos asuntos del Sistema Educativo. En los muchos tropiezos, una de las reflexiones más grandes que podemos tener es que hace falta algo más en nuestra educación. No se trata de soluciones simplistas como cerrar escuela o entregar la educación a manos privadas. Se trata de tocar la mente, el alma y la emoción. En eso Justo Méndez Arámburu y Ana Yris Guzmán han hecho una labor encomiable movidos por la vida de Ana Mercedes Méndez Jiménez, que un día como hoy trascendió sin que su partida significara dejar de sonar con una sociedad más justa.

En eso, Nuestra Escuela ha hecho una valiosa aportación logrando que muchas cosas que pensamos eran “obvias” en la educación les demos ahora importancia y peso. El contacto humano, la personalización de la educación, la construcción de lazos afectivos, emocionales y de respeto, el perdón, la sanación, la motivación, los talentos o reciprocar lo recibido cobran una fuerza mayor sobre las reglas de acentuación o los teoremas matemáticos. Esa educación que clama porque le pongamos atención a las necesidades sociales y emocionales de ustedes, que día un fue así, y que en algún momento abandonamos, está tomando mucho más auge y mucha más fuerza. ¿No será que ya no funciona la receta de cumplir con los estándares que miden una prueba que está siendo cuestionada por los mismos que en el pasado las patrocinaron? ¿No será que hay que volver a nuestras raíces donde el maestro era respetado, donde el niño o el joven era más importante que un estándar o una prueba?

Ningún esfuerzo en la vida es poca cosa, como ningún logro es pequeño. Esta graduación significa para tí una torre de sueños porque lo que pensaste imposible es hoy posible. Sin embargo, la marcha no culmina; el trabajo no se acaba. Después de la graduación, hay otra vida. Ahora empieza tu gran prueba de fuego.

Jóvenes, dentro de pocos minutos el presidente de Nuestra Escuela y la directora ejecutiva los declararán graduados. Se habrán graduado de una experiencia educativa muy distinta y diversa a la que muchos han tenido en otros lugares. Es una escuela fundada en el amor, producto de un sueño que, aunque en su momento albergamos dudas de cómo era, ha logrado distinguirse como una organización que busca que ustedes, al salir graduados hoy emprendan sus vidas en todas sus manifestaciones. Emprender, que es el acto de hacer algo por uno mismo, significa trabajar de forma honrada para que ustedes sean dignos y hagan de Puerto Rico un lugar digno. Esa es el mayor aprendizaje de esta experiencia.

Hoy se abren nuevos caminos pero es ahora cuando se  presentaran los mayores retos. Retos que requerirán de ustedes más que nada el mejor uso de sus talentos y un conocimiento profundo de sus capacidades, de su yo interior. Cada uno asumirá su propio rol en la vida y será la manera en que enfrenten las barreras que encontraran a su paso lo que determine sus logros futuros. Habrá momentos en que no alcancen sus metas pero a fin de cuentas lo importante será haber dado lo mejor de ustedes mismos. Los obstáculos no son otra cosa que oportunidades para crecer, por eso no se dejen vencer por el desaliento ni abandonen sus ansias de hacer de su vida algo extraordinario. Tengan la fortaleza necesaria para que en momentos difíciles conserven el mismo entusiasmo que experimentan hoy.

Esto es solo una muestra de lo que pueden lograr en sus vidas. Vidas en las que solo ustedes serán los protagonistas. Vidas que podrán ser ricas en experiencias o vidas sin sentido. Será cuestión de elección.

Todos aspiramos a ser exitosos, al extremo que algunos llegan a confundir el éxito con la felicidad pero son dos conceptos totalmente distintos pero se necesitan mutuamente. Para que el éxito tenga verdadero significado debe estar acompañado de la felicidad porque a fin de cuentas finalidad de todo ser humano es esa, ser feliz. La verdadera felicidad sólo se alcanza cuando creamos conciencia de nuestro rol en la vida y en la vida de los demás, cuando prestamos atención a lo que ocurre en el interior de nosotros mismos. Hellen Keller dijo en una ocasión que la felicidad no se alcanza buscando la gratificación propia, sino siendo fieles a un propósito digno y justo.  

Diariamente vemos personas que parecen tenerlo todo, que parecen ser exitosas. Cuando veo estas personas me pregunto si serán verdaderamente felices.  No existe receta alguna que garantice el éxito o la felicidad, si la tuviera pueden estar seguros que se las daría. Sin embargo, me gustaría compartir con ustedes una historia de vida que demuestra cómo se pueden tener las dos cosas. Me refiero a la vida de Steve Jobs el icono del Sillicon Valley, fundador y CEO Apple.  Steve fue hijo de una madre soltera que lo dio en adopción al momento de nacer. Ingresó a la universidad  de REED a sus 17 años pero la universidad era tan costosa que no pudo continuar sus estudios, sus padres eran obreros con bajos salarios. Uno de los hombres más ricos y exitosos del mundo en su época de estudiante no tenía dinero para pagar hospedaje, así que dormía en el suelo de las habitaciones de sus amigos y para pagarse su alimentación recogía y vendía botellas. Cuando no lograba suficiente dinero para alimentarse  caminaba más de 10 Km para comer bien una vez por semana en el templo de los Krishna.

En un momento de su vida no sabía qué hacer. Pero a él siempre le había gustado la caligrafía, vivía fascinado con la caligrafía. Así que se matriculó en cursos de caligrafía y su curiosidad lo llevo a inventar una máquina en la que se le pudiera dar el mejor uso. Así que en el garaje de la casa de sus padres en compañía de un amigo comenzó a desarrollar lo que más tarde se llamó la computadora APPLE y lo que comenzó en un garaje de una casa familiar, sin dinero, en menos de diez años alcanzó un valor de  $2 mil millones de dólares.

Su compañía creció  tanto  que decidió entonces emplear a alguien talentoso para que le ayudara a dirigir la compañía. Durante el primer año  las cosas fueron bien hasta que comenzaron a surgir las diferencias que provocaron un rompimiento entre ambos logrando su despido por la Junta de Directores.  Había perdido lo que había sido su más grande sueno. Pero no se desanimó, pensó en abandonar la tecnología pero esa era su pasión. En su destierro de Apple fundó otras dos compañías. Entonces Apple compró la compañía en que el laboraba. La empresa que lo  había rechazado, que lo había despedido ahora le pedía que volviera a su dirección ya con más años y una linda familia que llenaba su vida.

La vida de Steve Jobs fue corta, falleció a los 55 años de edad víctima de cáncer en su momento más productivo pero nos dejó un mensaje que quiero compartir con ustedes. En un discurso de graduación dijo lo siguiente: El tiempo es limitado, no se dejen atrapar por el dogma, ni dejen que la opinión de otros apague su propia voz. Es importante que recuerden las palabras de Henry Van Dike quien dijo: “el bosque estaría muy silencioso si sólo cantasen los pájaros que cantan mejor”. 

Así como Steve Jobs escribió su historia a cada uno de nosotros le ha sido dada la oportunidad de escribir la suya. Unos la escriben llenando páginas de grandes éxitos, pero vacías  de los más elevados valores. Escriban la suya, pero cuando lo hagan dense la oportunidad de seguir su corazón, confíen en ustedes mismos, en sus capacidades y verán que terminan escribiendo la historia más maravillosa que jamás haya escrito ser humano alguno. Asegúrense de que será una historia única, enriquecida por sus más elevados valores, una historia en la que la mediocridad no tendrá cabida. 

Cada uno de ustedes es único, con sus propios talentos y sus propias capacidades. Como seres humanos tienen la mayor de las virtudes, la libertad y la capacidad de elegir. Ustedes pueden elegir  ser optimistas, creyentes en las capacidades del ser humano, amantes de la verdad, la belleza y la justicia o puede elegir ser pesimistas, incrédulos, conformistas o derrotistas. Recuerden que si no plantas no veras su cosecha. No olviden que cuando damos la mano a nuestros semejantes, cuando compartimos el conocimiento o el pan, cuando en vez de criticar contribuimos a mejorar lo que entendemos no es lo mejor, cuando somos solidarios, cuando aportamos a nuestro país vamos haciendo camino.

El mundo al que ustedes se enfrentan hoy es uno más competitivo que el que ha vivido nuestra generación, es un mundo de constante cambio, más globalizado, menos sensible. Por eso es necesario que estén conscientes de que en algún momento pueden ser lastimados en su ser por eso es importante que conserven la capacidad para  curarse y auto motivarse porque si algo distingue al ser humano es la energía de renovación que llevamos dentro de nosotros mismos.

Vivimos en un mundo lleno de espectadores pero el mundo lo que necesita son más actores, menos espectadores. Ahora, después de pasar por las experiencias vividas en Nuestra Escuela, ustedes están altamente capacitados para ser actores de su propia obra. Los exhorto a vivir una vida digna, íntegra, vertical y llena de solidaridad hacia su prójimo, de amor, tolerancia y compromiso, en armonía con la naturaleza y las necesidades de nuestro pueblo.  Perseveren en sus metas, porque la perseverancia es una de las cualidades de las personas exitosas.

De pequeña aprendí que el que persevera triunfa. Era una frase muy común en los labios de mi madre. Una de las más grandes lecciones de perseverancia nos la dio un hombre que tuvo su primer fracaso en los negocios cuando tenía 22 años. Al año siguiente, después de haber fracasado en 1831 en su intento por convertirse en legislador se postuló en unas elecciones legislativas y fue derrotado, volvió a postularse en el 1843 y fue nuevamente derrotado. En 1846 fue electo al Congreso de los Estados Unidos, pero perdió en 1848, luego en el 55 y en el 56. Ese mismo hombre fue electo en 1860 Presidente de los Estados Unidos. Ochocientos cincuenta y seis historiadores lo escogieron como el mejor Presidente de la Nación Americana. Su nombre es Abraham Lincoln.

Perseveren y utilicen su potencial como ciudadanos, como personas,  la persona que usted es, una persona única con una memoria única, con sus propias vivencias, talentos y capacidades. Escriban su historia  imaginando, creando, cuestionando, sin arrogancia, sin miedo a sus semejantes.

Robin S. Sharma nos dice que la verdadera satisfacción en la vida se consigue cuando ponemos de manifiesto nuestros talentos al servicio de aquello que nos brinda felicidad a la vez que contribuimos al bienestar y la felicidad de los que nos rodean. El mundo al que se enfrentan hoy requerirá de ustedes sacar el máximo de las experiencias que les presenta la vida, sin desperdiciar un solo momento ni una sola oportunidad para lograr sus metas. No hacerlo sería exponerse al atropello de una evolución que no se detiene, que va dejando atrás a todo aquel que se detiene en su crecimiento.

Después de mucho tiempo he aprendido que a medida que transcurren nuestras vidas vamos encontrando dos tipos de personas: los que hacen lo que hay que hacer para mejorar nuestro entorno y aquellos que sin hacer nada se llevan el reconocimiento por el trabajo que otros hacen. Busquen colocarse en el primer grupo y verán la recompensa. Les exhorto a que definan su visión de futuro y establezcan metas claras y definidas. Una vez definidas sus metas, cultívenlas como si fueran sus más preciadas criaturas.

En su libro Quien llorará cuando yo muera Robin Sharma nos dice que  la mayoría de las personas dedican la primera mitad de su vida al éxito y ganarse respeto. Una vez alcanzada esta legitimidad ya sea a manera de prestigio o posesiones materiales nos damos cuenta que algo está faltando. Entonces es que comenzamos a hacer lo que debimos haber hecho desde un principio, dejar un legado. Hoy les digo el momento para comenzar a construir su legado es ahora porque de lo contrario nunca sabremos cuándo llegará el momento perfecto para hacerlo. Les invito a reflexionar en torno a lo que quieren crear en su vida, en cuál será su legado, en cómo quieren ser recordados una vez ya no estén.

Les lanzo un reto: conviertan este diploma que contiene sus credenciales académicas, en uno que contenga su hoja de servicio.  Porque el diploma más importante que podemos obtener en la vida es el que llevamos en nuestro corazón. La mayor recompensa que obtendremos en nuestras vidas no es la del salario que nos pagarán, es la que obtendremos a través de la alegría y la sonrisa que nos brindarán los rostros de quienes podamos ayudar desinteresadamente. Ese consejo, esa milla extra que siempre se puede dar, trae consigo la grandeza de ese latido firme que nos da el corazón como muestra de que hemos hecho lo que debimos hacer.  Jamás le demos la espalda a quién necesita de nuestra mirada, de nuestra voz, de nuestros oídos.

Cuando decimos, “no encontré tiempo para hacer más”, les recomiendo que mejor digamos, el tiempo siempre está y estará, es nuestra voluntad para hacer más la que tenemos que encontrar.  Disfrutemos el ser parte de una nueva tradición, la de la auto responsabilidad, la de la perseverancia, la de la resiliencia, la de la auto confianza, la del voluntariado, la de transformar para bien no solo nuestro trabajo, sino también nuestro vecindario, nuestra comunidad, nuestro pueblo y nuestra patria.

¡Dios los bendiga!

Aida L. Díaz


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