DE: Federalización, reestructuración, o revolución educativa

DE: Federalización, reestructuración, o revolución educativa

A nombre de la Dra. Aida Díaz, presidenta de la Asociación de Maestros de Puerto Rico, agradecemos que nos invitara para deponer en este foro que, hoy más que nunca, se hace necesario ante la imperiosa necesidad que tiene el país de que se mire el asunto educativo nacional con el fin de que se logre su transformación real y permanente.  Nos presentamos ante ustedes convencidos de que una transformación de tal envergadura solo puede llegar a concretizarse si surge de las mentes y de las voluntades de quienes día a día sostenemos al sistema educativo porque creemos que en la educación residen todas las esperanzas para construir el país al que todos aspiramos.  Quienes nos encontramos en esta mesa, desde nuestros respectivos flancos, hemos dedicado todos nuestros esfuerzos a preservar a la escuela pública puertorriqueña como la institución forjadora de las puertorriqueñas y los puertorriqueños del presente y del futuro.

Soy maestro de la sala de clases. Soy producto de la escuela pública puertorriqueña, como lo son mis hijas, hoy estudiantes de esta universidad, también pública.  En mis 25 años de ejercicio docente he sido testigo de cómo se ha ido menoscabando el ingente valor que tiene la escuela en la construcción de nuestra sociedad.  Hoy el respetable colectivo Educadores Hostosianos nos lanza el reto de aportar algunas ideas que sirvan para replantearnos y replantearle al país qué tipo de escuela debe estar a su servicio; ideas que deben surgir, como es natural, desde la academia y, especialmente, desde el salón de clases en cada una de las escuelas del país.  Esta es la única garantía razonable de que cualquier proyecto que pretenda reformar el sistema educativo tenga posibilidades reales de tener éxito.

El magisterio, nuestro grupo profesional, constituye un sector considerable de la sociedad civil puertorriqueña,  que lucha y se empeña porque el sistema educativo sea más ágil; que pueda ser más efectivo; que la toma de decisiones se traduzca en aprendizaje real y en apoyo para todos los componentes que trabajan en el mismo, principalmente para los docentes. Por eso, hemos planteado en distintos foros la impostergable responsabilidad que tiene el estado de que todos los ciudadanos puedan tener calidad de vida en un país seguro y saludable. En ese sentido, nuestros planteamientos afirman que el problema de la educación del país es más amplio y complejo que el del sistema público de enseñanza.

El sistema de educación pública de nuestro país cuenta con 1,330 escuelas, sirve a sobre 350,000 estudiantes y tiene en su plantilla a 38,000 maestros. Su propósito fundamental es que el estudiante desarrolle su dimensión académica, personal y social para que se convierta en un ciudadano productivo, independiente, aprendices de por vida, respetuoso de la ley y del ambiente y capaz de contribuir al bienestar común y a la situación social existente en el Puerto Rico de hoy.  A pesar de los esfuerzos realizados por muchos sectores, falta mucho por hacer para mejorar los resultados que se están obteniendo.[1] Según los análisis del Departamento, estamos muy por debajo de las metas anuales establecidas por el mismo Departamento de Educación, si consideramos que un alto % de las escuelas están actualmente en plan de mejoramiento por imposiciones de leyes federales aplicables a Puerto Rico que, irónicamente, no toman en cuenta nuestra realidad histórica y cultural, ni nuestra idiosincrasia.

TRASFONDO DEL DESARROLLO DEL SISTEMA EDUCATIVO

El desarrollo de la educación pública ha sido accidentado, principalmente, por nuestra situación política. Como todos sabemos, luego de la invasión de 1898 y en su afán de imponer políticas públicas importadas hacia la norteamericanización, el nuevo Departamento de Instrucción no tuvo una filosofía orientadora ni un norte. Más de un  siglo después, en ocasiones,  parece no tenerla. Entre 1903 y 1949 la discusión que dominó el panorama educativo fue el inglés como idioma de enseñanza, pero muchos otros asuntos gravitaron en el escenario de la educación pública.  Muchos de ellos trabajados a partir de generalidades. El Departamento de Instrucción Pública tuvo un inicio improvisado, donde la expectativa cuantitativa superaba a la cualitativa.

A pesar de que algunos aún no quieran reconocerlo, la situación socio-política de Puerto Rico con los Estados Unidos, es de naturaleza colonial.  Con el recrudecimiento de la federalización de la educación, producto de la aplicación en la isla de las regulaciones federales de la Ley ESEA y su reautorización denominada,  “No Child Left Behind” (2001), a la agenda magisterial se le sumó un nuevo gran desafío: políticas públicas controvertibles sobre el desarrollo profesional.  La medición del aprovechamiento académico de los estudiantes a través de pruebas estandarizadas se comenzó a correlacionar con el desempeño de la enseñanza y de ello dependía la clasificación de las escuelas en planes de mejoramiento. La estandarización del aprovechamiento académico, así como las condiciones del magisterio, el currículo, la vida escolar y la gobernanza misma del sistema son parte de los desafíos del gobierno de un proyecto educativo que requieren atención urgente. El exsecretario César Rey reconoce esta realidad, cuando dice:

“En la educación pública, como en otros tantos renglones de la vida en Puerto Rico, la situación se torna un poco más álgida, pues el gobierno federal posee un grado elevado de injerencia en la determinación de la formación de los puertorriqueños. Con la aportación federal de un casi 33 por ciento del presupuesto total del Departamento de Educación, cualquier formulación de política pública tiene que ser contextualizada en esta relación con el Departamento de Educación de los Estados Unidos. Lo anterior revela la importancia del gobierno federal de los Estados Unidos en la formulación de política pública en Puerto Rico. Esto, en el caso del Departamento de Educación, supone establecer una dependencia en temas tan sensibles como el diseño curricular, la medición del desempeño académico y hasta el posible cierre de escuelas en distintas comunidades” (Rey, 59).

Tras evidenciar un evidente fracaso, el Departamento de Educación federal decidió flexibilizar algunos requisitos de la Ley NCLB al no ser reautorizada por el Congreso de los Estados Unidos. A Puerto Rico le aplican las regulaciones federales sobre educación, ya que obtenemos fondos federales. Si bien es cierto que el porciento de fondos que se reciben ha bajado, son muchas las exigencias, entre ellas la implantación inmediata del Plan de Flexibilidad. La rendición de cuentas se vuelve una exigencia federal que debe ser un principio básico de la gobernanza de nuestro sistema. Muchos han sido los proyectos, pocos los cambios.

En la pasada década el gobierno federal invirtió en la educación en Puerto Rico alrededor de $15 billones de dólares. Sin embargo, estamos en el mismo lugar que comenzamos. La razón es que la mayor parte de este dinero ha ido a parar a manos privadas. Hoy son muchos los millonarios que se han enriquecido de la educación de nuestros niños. Nos preguntamos hasta cuándo. ¿Cuántos años estuvo una compañía en una escuela intervenida y cuánto fue el mejoramiento en el rendimiento escolar que exhibe su trabajo?

Ese, como muchos otros problemas de conceptuación sistémica (cómo funciona lo conceptual desde lo operacional y cómo lo operacional apoya ese proyecto) no son nuevos. Venimos más de un siglo arrastrando los pies. Tomemos un ejemplo concreto: la implantación del Plan de Flexibilidad, la cual comenzó con el pie izquierdo al contratar compañías para ofrecer desarrollo profesional a maestros con personas que sabían menos que ellos y obligando a los maestros a preparar unidades que antes eran preparadas por especialistas y técnicos de currículo. Sin plan, ni pensamiento menor de logística, se toman las coyunturas como “oportunidades” para cumplir.

Respetuosamente, sometemos ante su consideración las siguientes propuestas que probablemente levantarían un sistema educativo puertorriqueño:

1.      Poner en pleno vigor el espíritu de la Ley 149, “Ley orgánica del Departamento de Educación de Puerto Rico, según enmendada”.  Reconocemos que, a pesar de que pudiera ser revisada, esta pieza legislativa contiene, en su esencia, una escuela puertorriqueña, con una visión puertorriqueñista.

2.      Reducir paulatinamente la dependencia de los fondos federales para que la agencia se sostenga con fondos estatales, sin que se sacrifique ni un puesto docente porque todos son necesarios.

3.      Evitar, de manera concertada, la implantación políticas privatizadoras del sistema educativo.

4.      Preservar el carácter gratuito, público, laico y no sectario del sistema educativo.

5.      Participar en el diseño y configuración de programas de rendición de cuentas que respondan a las exigencias del sistema educativo, de sus estudiantes y de los docentes como sus gestores principales.

Puerto Rico lucha por una mejor educación, pero no hay un proyecto educativo porque no hay una filosofía educativa. Mayor aún, no hay un proyecto de país, porque no existe la soberanía para que haya ese proyecto de país. Existe no sólo una dependencia excesiva de fondos federales, sino que hay una creciente asimilación cultural mediática que influye otras dependencias peores: la de las ideas. El anclaje de un proyecto educativo no ocurre porque nos vemos atados a cumplir exigencias a cambio de fondos. Al final, no tenemos ni lo uno ni lo otro. Estudiantes se afectan y maestros, también. Aún así, son desafíos que no son exclusivos de su sistema educativo. Nos presentamos ante ustedes, buscando el intercambio de ideas para enriquecer nuestro sistema educativo y así implantar las iniciativas que ayuden a convertirnos en país líder, emprendedor, autosustentable y modelo. En ese sentido, mucho tenemos que aprender de nuestros países vecinos y particularmente del caribeño al cual pertenecemos. Nos parece que la educación será, quizás, el elemento aglutinador que nos acercará más, de una vez y por todas, a nuestra raíz latinoamericana para que juntos superemos “el nudo de nuestra soledad”.[2] Como dijera Hostos, padre de la educación latinoamericana: "Las sociedades incultas no albergan sentimientos sino pasiones, y la pasión sólo sabe encaminarse a la sangre o a la vileza".  Encaminemos a nuestros hijos por el derrotero de la cultura, del genuino sentimiento.  Conduzcámoslos hacia la plena libertad, desde cada una de las salas de clases de la escuela pública puertorriqueña.

 



[1] Grisel Muñoz Marrero. “El Departamento de Educación de Puerto Rico y los Programas de Preparación de Maestros ante el reto de los estudiantes del siglo 21”. En: Revista Magisterio. Anuario de la Asociación de Maestros de Puerto Rico. Año 2, núm. 1, 2012.

[2] Gabriel García Márquez. La soledad de nuestra América. Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, 1982. Accedido en: http://www.ciudadseva.com/textos/otros/ggmnobel.htm


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