El valor de la Educación Pública

El valor de la Educación Pública

Nuestra Escuela, Inc. es una organización no gubernamental sin fines de lucro, con base comunitaria, incorporada el 11 de agosto de 2000 bajo las leyes del Estado Libre Asociado de Puerto Rico con el propósito de ofrecer servicios educativos a jóvenes y adultos fuera de la escuela sin haber completado el Cuarto Año de escuela superior. El 10 de agosto de 2015 celebró su Asamblea de Inicio de Curso y la celebración de su décimo quinto aniversario. La oradora invitada de la actividad fue la presidenta de la Asociación de Maestros de Puerto Rico. Compartimos en este artículo el mensaje que Aida ofreció.

 

MENSAJE DE AIDA DÍAZ, ANTE LA ASAMBLEA DE INCIO DE CURSO DE NUESTRA ESCUELA EN CAGUAS

“imaginar ese otro mundo que afirmamos es posible, es el primer paso para provocarlo y construirlo".

Muy buenas tardes a todos y todas.  Mañana martes, 11 de agosto Nuestra Escuela celebra su decimoquinto aniversario. El aniversario de un proyecto que nació del amor. Tal vez  por eso Nuestra Escuela es mucho más que una escuela. Nuestra escuela es un concepto, es una filosofía, es un sueño hecho realidad. Un sueño que ha hecho posible que muchos de niños y jóvenes se hayan encontrado a sí mismos, que hayan encontrado el propósito de sus vidas  y estén en disposición de servir a los demás. Las vidas que para bien aquí se han transformado son el producto de ese sueño. Todos tenemos la capacidad de sonar pero solo es capaz de convertir sus sueños en realidades aquel que ante la adversidad agradece a la vida por la experiencia vivida y renueva su fe; aquel que con tenacidad se agarra de la esperanza; aquel que con humildad pero con firmeza y valentía se atreve a luchar por aquello en lo que cree. Por eso hoy reitero mi admiración y mi aprecio a los fundadores de Nuestra Escuela: a Justo, a su esposa, a su equipo de trabajo y a ustedes padres y estudiantes que han sido parte de este sueño.

Estar ante ustedes hoy es un privilegio. Estoy aquí porque creo en la obra que Nuestra Escuela realiza y mucho más, creo que debe replicarse en cada rincón del país, en cada escuela. Creo en su proyecto porque más que ser una competencia para la educación pública es un modelo que la educación pública debe emular. Revise su plan estratégico y constate que contrario a lo que ocurre con otros proyectos Nuestra Escuela tiene el propósito de preservar, colaborar y defender la educación pública. Su plan estratégico en su sexta meta dispone que uno de sus propósitos es identificar las necesidades y fortalezas del Sistema de Educación Pública a las cuales puedan aportar y de las cuales puedan aprender además de apoyar la transformación del Sistema de Educación Pública y participar en la formulación de la visión nacional del Proyecto País.

Yo creo en la educación pública. Soy producto de ella. Vengo de una familia humilde, del sector Pueblo Viejo del Barrio Bayamoncito de Aguas Buenas. Hija de un agricultor y un ama de casa, quienes en sus ansias de superación lograron más tarde en su vida, convertirse en comerciantes. Hice mi escuela primaria en la Segunda Unidad del mismo barrio. Allí estudiaban todos los hijos de la comunidad. Recuerdo a mis compañeros, algunos descalzos, otros con sus ropitas remendadas, muchos con sus rostros pálidos por  alimentación deficiente, pero todos compartiendo la misma esperanza. La esperanza de que algún día, con la educación que allí estábamos recibiendo nuestras penurias serian cosa del pasado.  Así fue, aquella escuelita de un barrio de campesinos humildes que solo tenían el jornal de su diario cuando conseguían trabajo en alguna cosecha, logró que muchos de aquellos niños se convirtieran en maestros, ingenieros, médicos, abogados. Otros prefirieron mantenerse en la agricultura, en los oficios o como amas de casa, pero el logro más grande de aquella escuela fue la calidad de seres humanos que allí se formaron. Ese es el verdadero valor de la educación pública, la educación donde todos tenemos oportunidades, donde todos somos iguales, donde se cultiva la esperanza.

Mi experiencia no es exclusiva, es la experiencia de cientos de miles de puertorriqueños que han echado hacia adelante nuestra hermosa patria. Es la historia de todos los que somos producto de la escuela pública, que como buenos ciudadanos, le servimos al país desde nuestros distintos sectores. Periodistas, médicos, ingenieros, policías, bomberos, contables, bailarines, pintores, escultores, deportistas, hasta astronautas han sido producto de la escuela pública y hoy son orgullo de Puerto Rico. Profesionales y ciudadanos provenientes de hogares de escasos recursos que se embarcaron en un proyecto de superación liderado por su educación.

A diario solemos escuchar que la escuela pública no sirve. Que hay que reformarla. No negamos que nuestra educación pública tiene problemas. Sin embargo nuestro mayor problema, como dice mi amiga Ana Helvia Quintero en su libro Muchas Reformas pocos Cambios, es no saber interpretar ni el problema ni sus raíces. El problema tiene sus raíces en la despersonalización de la educación. El problema tiene sus raíces en la deshumanización de la educación. El problema se llama comercialización de la educación. Por eso luchamos por rescatar el verdadero sentido de la educación pública, su verdadero propósito.

Escuchamos también que la escuela privada es mejor que la pública. No estamos en contra de la educación privada. De lo que si estamos en contra es de los juicios valorativos fundamentados en premisas falsas. La educación es un proceso multifacético y multifactorial, por lo que al juzgarla, hay que hacerlo en su justa perspectiva. Si la comparación va a estar basada en el resultado de unas pruebas, para que el resultado sea justo entonces, los perfiles socioeconómicos y culturales de los estudiantes cuyo resultado han de analizarse deben ser perfiles similares. ¿Cuál es el nivel socioeconómico de los estudiantes cuyos resultados estamos comparando? ¿Cuantos viven con sus dos padres? ¿Cuantos provienen de familias uniparentales? ¿Tienen acceso a internet y bibliotecas? ¿Disfrutan de buena salud, alimentación y recreación?

Como dije antes, no podemos negar que nuestra educación tiene sus deficiencias y tal vez por eso, que es y ha sido eje de múltiples controversias, especialmente por su calidad, su efectividad y su pertinencia. Algunos concluyen que los retos que presenta nuestra educación están relacionados con su estructura conceptual y operacional. Nuestro modelo educativo data de la década del 50 cuando ante el alto analfabetismo respondió a una educación en masa. Es un modelo que está dirigido al desarrollo de destrezas para que el estudiante pueda desempeñarse bien en el plano laboral. No obstante, el mundo ha cambiado, nosotros hemos cambiado y la educación de hoy tiene que ser distinta.

Ante un mundo tan complejo, más que el dominio de destrezas que le sirvan a nuestros niños y jóvenes para desempeñarme en alguna labor, nuestros estudiantes necesitan tener la certeza de que un mundo mejor es posible y que ese mundo se hará realidad cuando reconozcamos que la mayor riqueza que posee el ser humano la lleva dentro de sí mismo. Por eso, la necesidad de lograr una educación más democrática en la que todos seamos escuchados y en la que todos nos sintamos parte. Una educación en la que todos tengamos las mismas oportunidades independientemente de nuestra condición social, independientemente de nuestras capacidades. Por eso para que la educación esté al alcance de todos, tiene que ser pública, libre, gratuita y no sectaria, tal y como mandata nuestra constitución. Una educación que garantice la igualdad de oportunidades, una educación en la que la formación integral del ser humano sea su prioridad.

Hoy nuestra educación pública se ve amenazada por los intereses de los que controlan nuestra economía. Una economía que determina qué escuela cerrar y cuáles ofrecimientos eliminar. Cientos de escuelas cerradas, grupos consolidados, aumento en tamaño de grupos, asignaturas eliminadas son alguna de las medidas que se han tomado.

Los puertorriqueños aspiramos a que Puerto Rico tenga verdaderas bases de prosperidad económica, pero acompañada de prosperidad espiritual e intelectual, la cual sólo se podrá fundamentar en el desarrollo de la educación, la salud, la seguridad, la vivienda y la cultura de nuestro pueblo. Entonces, ¿cómo logramos que nuestra educación cristalice esa aspiración cuando la mayor amenaza a la educación pública nace de las mentes de nuestros legisladores. Proyectos de ley dirigidos a entregar nuestras escuelas a entes privados.

No nos oponemos a que el padre decida el tipo de educación que dará a sus hijos. Sin embargo la privatización de la educación pública puede constituir un arma mortal para el desarrollo de un pueblo. La educación pública privatizada es selectiva, profundiza las desigualdades y disminuye las posibilidades de movilidad social. Movilidad social  necesaria para erradicar la pobreza que se transmite entre generaciones a través de la cultura de la desesperanza.

La privatización de la educación pública desarticula el sistema educativo convirtiéndolo en varios sistemas privados financiados con dineros públicos. Varios sistemas privados  en los que algunos persiguen un fin comercial, otros un fin religioso o político, pero ninguno un fin social.

Nos enfrentamos hoy al camino que han vivido el proceso de privatización de la educación pública que hoy son testigos del fracaso de sus políticas y que ahora se encuentran rescatando su educación.

El verdadero valor de la educación pública reside en su capacidad para la igualdad y para la inclusión. El valor exclusivo de la educación pública reside en su capacidad para sembrar esperanzas, para abrir puertas a un mundo de oportunidades para aquellos que de otra manera no podrían llegar. El valor de la educación pública reside en su capacidad para el cultivo de la solidaridad, la compasión, la creatividad. La educación pública es el eje central sobre el que se cimientan las bases de las sociedades prosperas. La responsabilidad de construir un país mejor es un compromiso de primer orden y es asunto de todos y solo podremos lograrlo mediante la educación pública. Son los desafíos de un mundo cambiante y globalizado.

Eduquemos a nuestros jóvenes para que sean mejores seres humanos, para que sean compasivos, para que sean valientes, luchadores y  emprendedores. Eduquémoslos para que sean autogestores, para que no se visualicen como dependientes de un modelo laboral basado en la empleabilidad; a que se formen académicamente con destrezas que le sirvan para desarrollarse como seres humanos integrales a la vez que les faciliten un saludable desarrollo profesional; para a que sean activistas y protagonistas de sus propias luchas; para que sean responsables consigo mismos y con nuestro país.

Tal vez por eso es que la educación pública es un derecho humano. Porque se trata de formar vidas. Por el futuro de nuestro pueblo nos toca a todos defenderla y protegerla. Transformemos nuestra educación pública desde nosotros mismos para que las futuras generaciones tengan las oportunidades que nosotros hemos tenido. A nombre de los maestros, padres y estudiantes del sistema público de enseñanza los invito a unirse conmigo a esta causa. Buen inicio escolar y mis deseos de éxitos durante todo el año.


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