¡Nos llegó la hora!

¡Nos llegó la hora!

Puerto Rico, la vitrina del Caribe, la isla ícono del “milagro industrial”, el país que decían ser “lo mejor de los dos mundos” por sus exenciones contributivas, la autonomía fiscal, la doble moneda y la ciudadanía norteamericana, está hoy rota, vacía y abandonada.

 

Se rasgó el velo y la colonia es hoy una vergüenza más evidente que nunca. Vivimos en una bancarrota moral porque la atención se limita en buscar alternativas para pagar la deuda y no en lo apremiante, que es salir de la crisis y encaminar al país.

 

Para mi generación, la crisis actual cobra un matiz particular. Crecimos en medio de la retórica del progreso de un país agrario y pobre que se había transformado en una isla industrializada por el “milagro” económico. Ese progreso fue un entendido generacional en la que se nos aseguraba el éxito y el progreso a los que estudiaran. Esa premisa ya no funciona.

 

Esta crisis ha derrumbado los supuestos con los cuales hemos operado en las pasadas seis décadas. Hace tiempo que nuestro modelo político y económico colapsó.

 

Mientras tanto, para sobreponernos a la crisis, comienzan a surgir diversos grupos de interés, cada uno con su receta distinta. No hay un movimiento que aglutine esos esfuerzos. Eso nos debe preocupar, porque ante la necesidad colectiva de organizarnos para actuar estamos detenidos, pasmados, inmóviles. ¿Quinientos años de colonialismo y una quiebra económica y moral no son suficiente para levantarnos de una vez y por todas? ¿Qué significa para el desarrollo económico, político y social de nuestro país el que no podamos concertar acciones que nos muevan a ser menos dependientes? Ahora, ¿qué hacemos?

 

Tenemos que lograr la capacidad de establecer acuerdos sobre cómo vamos a generar desarrollo económico y cómo la gestión pública puede ser más eficiente.  Es cierto que un país que no controla sus variables económicas se le hace difícil controlar otras variables que generen riqueza. Es por eso que el momento exige que todos los sectores nos sentemos a la mesa a concertar ideas.

 

En otras crisis, la Asociación de Maestros le ha ofrecido a Puerto Rico sus propuestas y desde su sede se logró concertar acciones de justicia y equidad para nuestro pueblo. Hoy, nuevamente, abrimos las puertas de nuestra casa para organizarnos, trabajar y movernos.

 

Puerto Rico necesita de personas valientes y comprometidas para construir un país diferente. El Magisterio está llamado a atender y entender la complejidad del asunto, no solo por ser uno de los sectores más afectados, sino por la necesidad de que nuestros estudiantes aprendan y entiendan la coyuntura en que están creciendo.

Esa nueva generación que se está formando en el salón de clases tiene que trascender el modelo que mi generación conoció como un acuerdo entre países. Son ellos los que enfrentarán con mayores desafíos las inseguridades de una sociedad que experimenta, junto a su crisis económica, un descenso y envejecimiento de su población, una emigración preocupante, la fuga de profesionales, y un aumento en los niveles de pobreza.

 

 

La vitrina del Caribe ya no se puede remendar, hay que construir una nueva. ¡Nos llegó la hora!


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