Política y educación: una mirada a la historia

Política y educación: una mirada a la historia

Hace cien años, en las asambleas de la Asociación de Maestros de Puerto Rico –que se fundó en el 1911– se discutía la necesidad de que el Magisterio contara con el mecanismo de un retiro justo y digno. Eran hombres y mujeres que le habían entregado su vida a la enseñanza pública y cuando envejecían no tenían nada. Esta discusión venía dándose desde mucho antes.

Fue un maestro que era legislador quien impulsó y trabajó en la Cámara de Representantes para que se aprobara el proyecto de ley que creó la primera Ley de Pensiones para Maestros, en 1917. Su nombre es Fulgencio Piñero y era representante del distrito de Humacao por el Partido Unión de Puerto Rico. Su nombre, escrito en piedra para todas las generaciones de maestros, es símbolo de cómo el magisterio ha trascendido las fronteras de la profesión para hacer del magisterio un acto político y combativo más allá de la escuela. Antes de Piñero, uno de los fundadores de la Asociación, Pedro Carlos Timothée fue delegado a la Cámara de Delegados en 1902, por el Partido Republicano. 

No olvidemos la intensa lucha de las sufragistas en Puerto Rico por lograr el voto femenino. Entre éstas, se destacan los nombres de renombradas maestras como Ana Roqué de Duprey, Isabel Andreu de Aguilar y Ricarda López de Ramos Casellas, quien fuera presidenta de la Junta Local de San Juan en la década del veinte. En la convulsa década del treinta, la participación del magisterio en la política fue muy alta. 

En la década del cuarenta, otra maestra posibilitó el que el Magisterio cobrara los doce meses del año. La Ley de los Doce Sueldos, preparada por la Asociación de Maestros en conjunto con los legisladores, con el respaldo de María Libertad Gómez, representante por Utuado.

En la década del cincuenta, la participación del Magisterio en la política fue mayor. En esta década, Palmira Cabrera de Ibarra, Carmen Solá de Pereira, Juana Rodríguez Mundo y Milagros González Chapel fueron electas al Senado de Puerto Rico, promoviendo y aprobando legislación que aumentó sueldos a los maestros e inició una importante reforma educativa en 1960.

Si una aportación se ha hecho a la política en Puerto Rico desde las filas del Magisterio es la gran conquista de hacer la educación un derecho civil e inviolable. La discusión y defensa a toda costa del entonces presidente de la Asociación de Maestros, licenciado Virgilio Brunet, no tiene comparación, pues gracias a su gestión y la de Ramón Mellado Parsons y Juan Alemañy en la Convención Constituyente, la Instrucción Pública logró ser la sección 5, del Artículo II, de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. En el 1968, María Arroyo de Colón, renunció a la presidencia de la Asociación para aspirar a un escaño en el Senado, el cual logró.

Otros maestros y maestras, de todas las ideologías, en la década del setenta, ochenta y noventa, han hecho importantes aportaciones. En los setenta y ochenta, Mercedes Torres de Pérez, Cirilo Tirado Delgado, Héctor López Galarza y Eduardo García Chamorro, desde la Cámara de Representantes, y Gladys Rosario, desde el Senado, fueron instrumentales en aprobación de aumentos de sueldo al Magisterio y en la reforma educativa de 1990. Posteriormente, y ya en los 2000, Margarita Nolasco, Carmen ‘Ciela’ González y Cirilo Tirado, por mencionar algunos, quienes han ostentado la alta distinción de haberle servido a Puerto Rico desde la trinchera de la enseñanza, le han aportado a nuestro país sus mejores oficios para mejorar la educación desde la Asamblea Legislativa. 

 

Para estos maestros, la política ha sido una lección y su salón de clases ha sido el País mismo.

Si quieres abundar en la historia de la Asociación de Maestros, busca el enlace abajo.

Libro del centenario de la AMPR.


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