Muñoz Rivera: guía para construir el Propósito Nacional de Puerto Rico

Muñoz Rivera: guía para construir el Propósito Nacional de Puerto Rico

Palabras iniciales

Muy buenos días amigos y amigas. Volvemos a Barranquitas, la cuna de Luis Muñoz Rivera poeta, periodista, político, polemista, patriota, prócer, pero sobre todo, uno de los más apasionados y preclaros defensores de la puertorriqueñidad.

En este lugar, rodeado del verdor y las montañas que han visto nacer a tantos próceres, nos reunimos para encontrarnos con la memoria de Luis Muñoz Rivera, para profundizar en su pensamiento, en su obra, en sus lecciones patrióticas. Su tumba es un altar de vida. Un altar al que venimos los puertorriqueños que, en nuestro anhelo de un mejor país, clamamos por el entendimiento y la inspiración necesaria para emprender nuevas jornadas.  Nunca es mucho cuando se trata de Luis Muñoz Rivera, patriota que se entregó en cuerpo y alma al país que amaba y que sembró la esperanza para hacer de Puerto Rico el país que todos soñamos.  

Permítanme, en nombre de la Asociación de Maestros de Puerto Rico, agradecer profundamente la invitación que me cursara la Junta de Directores de la Fundación Luis Muñoz Marín, y su presidenta Marisara Pont,  para dirigirme al País en ocasión en de nuestro centenario. Esta invitación, además de ser un gran privilegio, significa para mí el reconocimiento y respeto a la clase magisterial puertorriqueña a través de esta maestra de la sala de clases. Significa, además, el reconocimiento a la importancia que tiene la educación como principal elemento de transformación social de nuestro pueblo, en momentos de crisis colectiva.

Comparecemos a esta cita histórica,  con la madurez que nos ha dado un siglo de historia, con la seguridad de aquello en lo que creemos y con la certeza de los planteamientos que tenemos que hacer.  Los maestros venimos, transcurridos 94 años de la muerte de Muñoz Rivera, a plantear las verdades que nacen de las experiencias vividas con nuestra gente y entre nuestra gente; con nuestros niños, con nuestros ancianos, con los más pobres y, también, con los más pudientes. Venimos a hablarles con las verdades que nacen de nuestro corazón, porque solo con la verdad que nace del corazón podemos pararnos dignamente ante la memoria de los que trabajaron para construir las bases de un mejor Puerto Rico.

Hoy la Asociación de Maestros hace suyas las palabras que una vez pronunció en este mismo lugar el hijo de Muñoz Rivera, quien en 1938 expresó en este mismo lugar:

“Este año no venimos aquí en conmemoración… La solemnidad de este acto no puede servir de excusa para evadir la expresión de verdades. No hay nada más solemne que la verdad. Ni hay mayor agravio ante una tumba que la hipocresía ni hay mayor tributo a la muerte que la verdad”.[1]

 

Los maestros puertorriqueños no venimos hoy ante la tumba de Luis Muñoz Rivera, tantas veces visitada, a pedirle nada ni a invocar su gesta patriótica. Venimos a este altar, convertido en la tribuna más antigua de nuestro País para, como él, iniciar un debate público, honrado y de altura, sin esconder verdades, sin ataduras políticas, sobre las condiciones sociales y económicas actuales de Puerto Rico. Ese trabajo inquisitivo y analítico de la situación social en la cual discurre toda actividad pedagógica caracteriza la responsabilidad inherente de la profesión magisterial. Esa ha sido la ruta que le hemos impreso a nuestra gestión de un siglo de trabajo.

Las maestras y maestros puertorriqueños no bajamos la cabeza ni podemos ser indiferentes ante el dolor de nuestro pueblo. Por eso, hoy no venimos a dar un mensaje solamente sobre educación. La educación de nuestro pueblo es un asunto de la más crucial importancia para nuestra gente y nuestro futuro, y sobre este tema tendré mucho que compartir con ustedes. No puedo limitarme a la educación, mientras veo languidecer mi patria, mientras veo a nuestra gente sumirse en la desesperación, creyéndose impotente y resignado a que las decisiones más importantes sobre su bienestar y su futuro sean tomadas a sus espaldas, sin participación ciudadana, y de manera errática, caprichosa y prepotente por líderes cegados por ideologías que los enajenan de la realidad de nuestro pueblo. Ese no fue el modelo de servicio público que nos legó Muñoz Rivera.

Muñoz Rivera creía en un gobierno  democrático. Muñoz Rivera creía en la unión de voluntades. Aquí, tenemos altar para una patria que busca un reencuentro con su propósito. Los actos de recordación que hoy se celebran nos obligan, más que nunca, a asumir posturas ante el “dolor compartido de una patria que se desangra”. No es posible callar ante circunstancias donde la vida colectiva puertorriqueña sufre injusticias inaceptables que atentan contra su gente y sus instituciones. Muñoz Rivera se hubiese puesto en pie y con su pluma de oro, su elocuencia y valentía hubiese combatido la injusticia y la inequidad, de la misma manera en que nosotros queremos hacerlo.

Ya bien lo dijo en su Paréntesis:

¿A dónde voy? Que el porvenir responda.

La sima es negra y honda;

Pero es la abrupta cima ingente y clara.

Soy de los que en la liza perseveran,

y sin temblar esperan

la gloria o el peligro cara a cara.[2]

 

Con la vida y obra de Muñoz Rivera en nuestras mentes quiero que mis palabras calen en lo más profundo del corazón y el sentimiento de cada puertorriqueño, para que de cada uno brote la semilla de un renacer patrio que nos motive a que repensemos y recreemos nuestro imaginario como puertorriqueños y como sociedad.  Tenemos que estar a la altura que exigen estos tiempos para que, individual y colectivamente, logremos un reencuentro con nuestro Propósito Nacional. Ese reencuentro se lo debemos a nuestros próceres, pero sobre todo, se lo debemos a Puerto Rico y sus futuras generaciones.

 

Un siglo de Muñoz Rivera y de Asociación de Maestros

Hace cien años, un grupo de maestros de San Juan, Ponce y Mayagüez fundaron en la Perla del Sur la Asociación de Maestros de Puerto Rico. Esos líderes pioneros formaron la Asociación como un colectivo magisterial que buscaba estimular la formación profesional, así como luchar por la obtención de mayores beneficios laborales, mejorar la calidad de la educación pública y tener acceso a servicios de bienestar y protección social  para el magisterio y su familia.

Al mismo tiempo, a la altura de 1911, Muñoz Rivera luchaba desde Washington por “el gobierno del país por el país”,[3] mientras los maestros se organizaban profesional y sindicalmente para lograr un rol activo en su historia. Ambos, con agendas distintas, utilizaban la política y la educación, respectivamente, como medios de transformación. El fin de ambos era el mismo: un mejor Puerto Rico.

La década en que se fundó la Asociación de Maestros coincide con los últimos años de las campañas políticas de la vida de Muñoz Rivera. Patriota verdadero quien antepuso los intereses de Puerto Rico sobre los suyos, muriendo insatisfecho en 1916 sin el “self government”, como él mismo llamaba al gobierno propio. Su vida fecunda testimonia una obra periodística prolífica, de la cual hizo una tribuna donde debatió enérgicamente con sus mejores recursos intelectuales. Esa “trinchera de libertad puertorriqueña”, como le llamó Ernesto Juan Fonfrías,[4] nos sirve de inspiración para retomar los asuntos que hemos dejado en el curso de la historia, los cuales la Asociación de Maestros rescata para proponer lo que debe ser el Propósito Nacional de Puerto Rico.

Esa libertad de pensamiento y de acción que nos legó, son las que tenemos que utilizar para hacer realidad lo que necesita nuestro pueblo. Sus aspiraciones, escritas en los libros de su vida, son las aspiraciones que el magisterio hace suyas para decirle a Puerto Rico que no cejaremos en nuestro propósito hasta ver engendrada la semilla de su pensamiento en cada niño y en cada joven de esta patria.

Esta mañana, la Asociación de Maestros quiere ofrecerle a nuestro pueblo un mensaje en reclamo de unidad y de unión de voluntades que nos ayude a regresar a los orígenes y a las bases filosóficas y espirituales de nuestro pueblo. Una unidad que nos permita volver a los bateyes del alma de nuestra gente, como un solo pueblo, para así, solo así, rescatar los proyectos, las aspiraciones y los sueños de los patriotas, los cuales, también, son los sueños y las aspiraciones de los que se levantan día a día a trabajar por su familia, por su comunidad y por su país.

Tenemos que rescatar los proyectos, sueños y aspiraciones de los que se levantan a luchar y a trabajar para que sus hijos tengan una educación de calidad y acceso a servicios de salud; tenemos que rescatar las aspiraciones de los que sueñan poder compartir en sus vecindarios en ambientes de paz sin el acecho de  las balas, la violencia y las drogas. De los que sueñan y añoran volver a ver ese Puerto Rico nuestro que sabemos existe. El Puerto Rico generoso, alegre, amoroso, creativo, sensible, emprendedor, humilde y solidario.  Ellos son los que más sufren en esta ola de inestabilidad social, económica y política.

Estamos convencidos de que un mejor Puerto Rico mejor es posible. Yo tengo fe de que cuando construyamos nuestro Propósito, nuestro pueblo volverá a ser protagonista de su propia historia. A los que dudan, a los que vacilan y a los que no creen que Puerto Rico puede repensarse, que Puerto Rico puede cambiar y que puede ser distinto, les invito a dejar el espacio libre para que aquellos que sí creen en ese Puerto Rico puedan hacer su obra. Solo tenemos que volver a creer en nosotros mismos; volver al vecino solidario, a la familia que labora por el futuro de sus hijos, a la escuela deseada, al hombre y la mujer respetuosos de la ley y el orden, al gobierno de respeto; volvamos a Muñoz Rivera quien entregó su vida a su patria, para, con sus palabras, su ejemplo y sus ideas, hacer de Puerto Rico lo que este país merece ser: un país líder, emprendedor, autosustentable y modelo.

Ese Puerto Rico puede ser real. Para ello hay que iniciar una discusión pública donde creemos alianzas y unamos voluntades como hizo lo Luis Muñoz Rivera cuando dijo: “Abogo por la unión y quito obstáculos a la unión, así tenga que abrazar a mis más rudos adversarios y perdonar a mis rudos enemigos y olvidar que la piqueta rompió mis talleres, la demagogia amenazó mi hogar y la reacción me llevó al banquillo de los reos”. El hombre a quien le vandalizaron su imprenta en 1900 era el mismo que abrazaba a José Celso Barbosa, su enemigo político, pero su amigo personal. Ese es el ejemplo de unión que Puerto Rico necesita.

Tenemos que unir voluntades y crear alianzas. Al iguales que otros países que han conformado frentes amplios, Puerto Rico tiene formar su Frente Común para iniciar un diálogo en el cual nos sentemos a establecer las metas, objetivos e indicadores de logros de nuestro Propósito Nacional. Será necesario, entonces, que los sectores del país se desprendan de los ropajes partidistas y sectarios; de títulos y posiciones y de egos mal engendrados. 

Con buena fe y garantizando la diversidad de opiniones, la criticidad y el disenso, tenemos que llegar a consensos. Es tiempo ya de que aprendamos a separar y a aislar lo que son los procesos eleccionarios y los partidos políticos con sus respectivas ideologías de lo que es la administración pública y gobernanza de nuestras instituciones.  Las agencias públicas no pueden continuar siendo brazos operacionales de los partidos políticos.  Esa  no es la democracia por la que Muñoz Rivera luchó.  Con la intromisión del partidismo político en el servicio público hemos convertido el sistema de meritos  en un círculo vicioso de conflictos éticos, morales y legales que lo que engendra es conspiración y revanchismo fratricida.

El sueño de Muñoz Rivera de un “grupo inmenso de patriotas que desdeñando pequeñeces y miserias, se disponen a contribuir a la salvación del terruño de buena fe, sin móviles de lucro, sin prejuicios bastardos ni pasiones avasalladoras”,[5] es lo queremos hacer realidad. Ese es el mejor tributo que ante el espíritu fuerte e inquebrantable de este prócer podemos hacer los maestros puertorriqueños. Yo les invito a aceptar el reto de ser ese grupo que lucha por un Puerto Rico más justo, equitativo, democrático, emprendedor y libre.

La responsabilidad de construir un país mejor nos compromete y es asunto de todos.  Determinar los asuntos en que somos aliados y no rivales para crear un clima de profunda discusión sobre esos temas, en aras de lograr acuerdos que beneficien a nuestro pueblo y aseguren el progreso sano de Puerto Rico resulta ser impostergable.

Sí, estoy hablando de unidad en tiempos de profunda división, porque por la falta de unidad, no de nuestro pueblo, sino de algunos dirigentes, nuestro País se destruye.

Los puertorriqueños aspiramos a que Puerto Rico tenga verdaderas bases de prosperidad económica, pero, por igual, aspiramos a la prosperidad espiritual e intelectual y la verdadera prosperidad económica, espiritual e intelectual se fundamenta en la educación, la salud, la seguridad, la vivienda, la cultura y el desarrollo económico de nuestro pueblo.

 

Puerto Rico: en el ojo del huracán

Puerto Rico, la misma que José Gautier Benítez bautizó como la Perla del Caribe, aparenta estar sumida en una espiral de deterioro y desasosiego social que parece acelerarse cada día más. Vemos y escuchamos diariamente crímenes inimaginables que nos causan un alto nivel de preocupación. El estado de salud mental de muchos en nuestra población es preocupante. La violencia doméstica, el narcotráfico, la criminalidad y los asesinatos han vuelto a arropar al país a niveles a la par con los peores tiempos en récord. Se percibe un acecho de violencia del estado contra ciudadanos e instituciones por igual. El discurso político se ha reducido a una especie de violencia verbal constante por parte de algunos políticos, quienes, repetidamente, se insultan vulgarmente.  A ello, súmesele un sentido agravado de descomposición en la unidad de nuestras familias, una alarmante crisis de valores, un estado de inequidad e injusticia.

Esa es la realidad que retrata el doctor José Vargas Vidot, a quien admiro profundamente, en su artículo “Mamá, búscame, que papá está loco”, cuando sostiene que:

“En nuestro país anochece perpetuamente el horizonte de la paz y a la sobriedad se le olvidó el camino. Mientras nos debatimos sobre las medidas de una isla que aparentemente crece geográficamente, nos achicamos espiritualmente, mientras las incongruencias y las tonteras adquieren notoriedad perpetua, los culpables no encuentran camino hacia la cárcel y los inocentes llegan sin caminar a los sepulcros.”

 

Palabras sabias que nos mueven a plantearnos las siguientes preguntas: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo hemos creado un país dominado por el canibalismo político. Un país en el que hemos enseñado a nuestra gente a depender de lo que otro nos da en lugar de ensenarle a hacer su propio pan.  Un país en el que nuestros principales líderes no quieren reconocer que hemos perdido la batalla ante la droga, que aparentan tener miedo a enfrentarse a su trasiego y los males que ésta acarrea. Un país cuyos dirigentes no reconocen que  su mejor ejército para combatir los males sociales que le aquejan lo constituye su magisterio. Un país que demuestra no valorar la educación otorgando licencias a fábricas que regalan diplomas. Un país que entregó su sistema de salud y que ahora no sabe cómo dar marcha atrás.

Por primera vez, desde que se llevó a cabo el primer censo por el gobierno federal en la isla, Puerto Rico perdió población.  Ya no como en el siglo pasado, cuando la mayoría de los que emigraban eran los más desventajados económicamente; hoy, también, emigran profesionales muy capacitados en campos importantes con gran demanda como ingeniería o biomedicina, por mencionar algunos. Ese talento que se pierde, pudiese contribuir grandemente a un nuevo renacer patrio, pero las condiciones sociales y económicas obligan a algunos a irse y a otros los desalienta y los ahuyenta.

Por otro lado nuestra economía ha estado en un proceso de contracción crónica ya por varios años. Publicaciones internacionales como el londinense The Economist, posicionan los niveles de crecimiento económico de Puerto Rico en estos últimos dos años casi al final de la lista de las naciones del mundo con el mayor decrecimiento económico, inclusive peor que los países hoy en severas crisis fiscales como Irlanda, Barbados, Portugal y Grecia.

Las últimas cifras oficiales reflejan que existe hoy un 16% de desempleo en la isla. Esta cifra solo representa las personas desempleadas buscando empleo activamente. En lo que se refiere a los servicios de salud del pueblo, el panorama es extremadamente desalentador. La salud pública en Puerto Rico está atravesando por una gran crisis en la que más de 850,000 pacientes están a la deriva.

Nuestra cultura, a la que desafortunadamente muy pocos apuestan, parece herida de muerte. Hace falta sensibilizarnos como pueblo y tenemos que apostar por la cultura misma como el más potente de los capitales que podamos poseer. Es preciso seguir fomentando prácticas culturales amplias e inclusivas como parte de nuestras expresiones de pueblo. Ese es el legado de Ricardo Alegría, hacedor del futuro puertorriqueño a través del oficio de la historia. Contrario a ese legado, el Departamento de Educación hoy elimina acceso a los cursos de bellas artes en nuestras escuelas. Cursos que, a pesar de su gran valor intrínseco en crear un ser humano integral, culto y creativo, sirven de gran alivio a muchos jóvenes en riesgo de abandonar la escuela. Esos cursos les proveen un vehículo de expresión y les permite crear su propia realidad alterna a la que viven en sus hogares y comunidades. 

Este es nuestro país. Este es el Puerto Rico que hemos permitido que nos construyan. Un país con graves problemas, sin embargo, también, con gente capaz, buena y noble que le ama, gente que no ha perdido la fe. Hoy, Muñoz Rivera nos invita a armarnos de valor para considerar propuestas que a esta altura no pueden esperar más.

En primer lugar, Puerto Rico tiene que volver al legislador ciudadano, al legislador que no haga de la política su profesión y que legisle honradamente por el bien de los que representa.

En segundo lugar, tenemos que devolver a nuestro pueblo la fe en sus capacidades. Tenemos que apoyar a los más necesitados, pero tenemos que enseñarle que el trabajo es honra y que es más digno un pedazo de pan ganado con el sudor de su frente que las migajas o las sobras de los más pudientes.

En tercer lugar, tenernos que comenzar a ver la drogadicción como una enfermedad. Vamos a atrevernos de una vez por todas a medicar la droga.

En cuarto lugar, y no menos importante, tenemos que devolverle a nuestra gente la fe en la escuela pública.

La Asociación de Maestros de Puerto Rico inicia en esta mañana esta discusión reflexiva. Pero el producto de la reflexión requiere nuestra acción y nuestro activismo. Tenemos que enviar las palomas mensajeras para hacer en nuestro País la revolución que hace falta. Revolución buena y profunda que provoque un remezón en nuestra consciencia. Revolución pacífica, pero revolución necesaria. Cuando hagamos de nuestros salones, de nuestras escuelas y de nuestros hogares trincheras por la búsqueda del conocimiento, pero trincheras de libertad, de amor, de esperanza, de tolerancia a la diversidad, de respeto a la opinión divergente, de construcción sobre las bases de responsabilidad y vocación por el servicio estaremos más cerca del país que merece gozar de la dignidad plena luego de cinco siglos de las amarguras de la restricción.

“Entre la dignidad  y la conveniencia no hay vacilación: lo primero es lo primero”.[6]

 

Nuevas trincheras para la educación que nuestro pueblo reclama

Me cuestiono ¿Cuál es el proyecto educativo puertorriqueño?, ¿Para qué educamos? ¿Se benefician nuestros jóvenes de la educación que reciben?

La educación pública puertorriqueña se enfrenta a un gran dilema ¿cuál es la razón para enseñar, para aprender? ¿Preparamos los estudiantes para la vida, para que sean autosuficientes, para que sean tecnócratas? ¿Para qué?

Asegurando el deber que su hijo reafirmó pasada la mitad del siglo, mucho antes Muñoz Rivera luchaba por que en cada barrio hubiera una escuela. Hoy cerramos una escuela en cada barrio. Ese es el pan nuestro de cada día. El sistema educativo público de hoy tiene problemas fundamentales. Pero yo argumento que uno de sus problemas mayores es el de su administración y gobernanza. Es un problema grave con repercusiones serias para nuestro País.  Según datos del año 2009 del Censo federal, los niños y jóvenes entre las edades de 5 a 17 años de edad en Puerto Rico el 77.5% o 551,069 estaba matriculado en escuela pública y el 22.5% o 159,601 estaba matriculado en escuela privada en Puerto Rico.

Tres de cada cuatro de nuestros niños estudian en escuela pública.  La escuela pública es donde comienza cualquier transformación social, ya sea hacia el bien o hacia el mal. Pero la escuela pública necesita el reconocimiento, el apoyo y la atención de todos, principalmente, de nuestros dirigentes. Simplemente no hay tema más importante de cara al futuro. La escuela pública tiene que comenzar a enseñar a nuestros niños a ser emprendedores más que seguidores. Nuestros niños, nuestra gente no es más ni menos que otras gentes. Las escuelas públicas tienen que volver a proveer los medios para que nuestros niños desarrollen todos sus  talentos y todas sus capacidades.

El problema de nuestro sistema educativo es  uno de gobernanza institucional que para resolverse requiere de una nueva visión y estructura de gobernanza unida a la buena voluntad de un nuevo liderazgo del país para implantarlo.  Para ilustrar de lo que hablo apunto al hecho que en los pasados diez años, el Departamento de Educación ha tenido seis Secretarios de Educación con tres de ellos en los últimos dos años y medio. La figura del Secretario de Educación y su equipo académico y administrativo no se reportan o rinden cuentas al pueblo, solo le rinden cuentas a Fortaleza. La inestabilidad organizacional, la falta de continuidad, la falta de transparencia y participación ciudadana en la toma de decisiones sobre los procesos de la agencia han sido y continúan siendo enemigos de nuestro sistema de educación pública.

Los fondos en educación se pasean por los pasillos de las oficinas de empresas privadas, pero no entran a nuestros salones. A pesar de tantos recursos, seguimos sin libros de texto para nuestros estudiantes, nuestros maestros son los profesionales peores remunerados y aún así continúan sacando de su bolsillo constantemente para materiales básicos en sus salones.  A eso, añádasele la condición física de los planteles escolares.

Creo importante enfatizar, que no podemos caer en la trampa de las soluciones fáciles y ahora de moda en Estados Unidos, que de algún día en el futuro algunas de ellas llegar funcionar, lo que causarían es mayor desigualdad de oportunidades entre estudiantes; o la filosofía educativa mecánica donde las pruebas estandarizadas determinan cuáles escuelas se van, cuáles se quedan, a cuáles maestros despiden o retienen, sin profundizar más allá sobre las necesidades particulares de una comunidad escolar. 

Hoy, gran parte del liderato del País ha caído en el rengueo del perdedor y para justificar su incompetencia culpa al maestro sobre los resultados de pruebas estandarizadas, cuando la realidad es que cuando las herramientas necesarias básicas para operar un salón no están presentes y los planteles escolares no cuentan con las facilidades y oferta educativa, ni el apoyo de personal para retener estudiantes y lidiar con todos los síntomas de los grandes problemas sociales de nuestra isla que vemos en nuestros niños todos los días, es una gran injusticia y deshonestidad intelectual apuntar al maestro como el principal responsable de un sistema administrativo y operacional inoperante y politizado. 

Cuando un ejército pierde una guerra, no se culpa a los soldados por perder la guerra, se culpa a los generales a cargo de la guerra.  Pero escuchen bien los que responsabilizan al maestro por los males del sistema. Nosotros los maestros organizados hemos sido capaces de  librar grandes batallas. Hemos sido capaces sin la ayuda de ningún gobierno de dar la mejor muestra de autogestión al crear un hospital para servicio del pueblo; una égida en la que conviven maestros y no maestros; un plan de salud; una cooperativa y, ahora, un exitoso proyecto de desarrollo profesional. Si hemos sido capaces de hacer lo que hemos hecho somos capaces, también, de transformar nuestro sistema educativo. Solo necesitamos respeto y reconocimiento a nuestras capacidades y la oportunidad para hacerlo.

El derecho a una educación de excelencia es un derecho constitucional de TODOS nuestros niños y jóvenes. Tenemos que rescatar  nuestro sistema de Educación Pública de las garras de la política partidista para imponer un nuevo sistema de gobernanza que nos garantice la transparencia y participación ciudadana en todos sus procesos tanto en lo administrativo como en lo curricular, un sistema que nos garantice estabilidad y continuidad sobre los proyectos educativos de excelencia en cada una de nuestras comunidades escolares.

La educación es el medio para salvar a nuestra gente de convertirse en rebaños, es el medio para hacer realidad ese reencuentro con nuestro Propósito Nacional del que les hablo, para llegar a la buena civilización.  Hagamos que cada joven desarrolle su currículo personal. Eduquemos a nuestros jóvenes para que sean emprendedores, eduquémoslos para que sean autogestores, para que no se visualicen como dependientes de un modelo laboral basado en la empleabilidad; a que se formen académicamente con destrezas que le sirvan para desarrollarse como seres humanos integrales a la vez que les faciliten un saludable desarrollo profesional; a que sean activistas y protagonistas de sus propias luchas; a que sean responsables consigo mismos y con nuestro país.

Nuestro sistema educativo tiene la responsabilidad de conectar a nuestros niños con su interior, de proveerles la oportunidad para vivir aventuras que le permitan descubrir el mundo que hay más allá de sus horizontes, de conectarlos con otros niños con el más alto sentido de tolerancia y respeto a la diversidad. Hace falta una escuela que desarrolle en cada uno de nuestros niños un modelaje efectivo de responsabilidad social del cual germine el desarrollo de su soberanía personal.  Esa es la escuela a que aspiramos los maestros puertorriqueños. Crear ese proyecto educativo y establecer esa realidad en nuestro Puerto Rico es el Propósito Nacional de esta época. Si cumplimos con este Propósito, estamos encaminados hacia nuestros demás objetivos.

Emprenderismo, autosustentabilidad, formación, activismo, responsabilidad, tolerancia, respeto y soberanía personal son los elementos del proyecto educativo de país que tenemos que comenzar a desarrollar. Esos son los elementos que tienen que forjarse desde un currículo nuevo para una educación nueva. Sin parches ni vendas, otro currículo, que responda a Puerto Rico y no a exigencias extranjeras. Es fundamental estimular la autonomía curricular, donde cada escuela trabaje su currículo basado en su realidad social  y cultural. La realidad de Culebra no es la de San Juan, como tampoco es la de Barranquitas.

Esa autonomía tiene que tener unos lineamientos generales, como, también, tiene que responder a unas metas, objetivos e indicadores nacionales  diseñados por el País. Esa autonomía tiene que responder a un nuevo balance de poderes que elimine para siempre la ingobernabilidad dentro del Departamento de Educación. Ingobernabilidad causada por las malas mañas y prebendas antiquísimas de un sistema de padrinazgo político que nos ha acompañado por décadas.  Aquellos en el poder que han convertido el servicio público en una gesta vulgar y farandulera hoy deben reflexionar y recapacitar sobre el daño que le hacen al País.

Puerto Rico tiene gente que quiere trabajar por su pueblo.  Eso lo creo y lo vivo en cada célula de mí ser. ¿Por qué permitimos  entonces que la oficialidad siga traficando con las esperanzas de miles de puertorriqueños indigentes, que en vez de enseñarles a buscar su alimento y darles un trabajo digno, se le sigue dando el bocado en la boca, perpetuando el mantengo? ¿Dónde están los portavoces de la democracia por la que tanto luchó Muñoz Rivera? ¿Dónde estamos nosotros? ¿Dónde está el tercer sector? ¿Dónde están los intelectuales, los trabajadores, las amas de casa, los estudiantes y los ancianos?

Puerto Rico no necesita más líderes de imágenes fabricadas por agencias publicitarias. Tampoco, necesita que nos sigan robando el futuro a cambio de promesas que nunca se cumplen ni a cambio de migajas. Puerto Rico necesita de nuestro empeño; del talento y la capacidad de cada puertorriqueño; de la intelectualidad y la laboriosidad de nuestros pensadores; de la autogestión de nuestros líderes comunitarios; del deseo y voluntad de prosperar de todos y cada uno de nosotros. Puerto Rico necesita que sus maestros, que se apoderen de su profesión y se concienticen cada día más del poder y responsabilidad tan grande que tienen.  

La historia nos tiene que haber enseñado que progresaremos solo con nuestros esfuerzos y con el sudor de nuestras frentes, cuando como ciudadanos pasemos de la palabra a la acción y exijamos y participemos activamente en crear nuevos sistemas de gobernanza para nuestras instituciones. 

 

¿Palabras finales?

Mi mensaje, amigos y amigas, más que de celebración, es un llamado de unidad de trabajo de los puertorriqueños, es un llamado de unidad patriótica, es un llamado a emular la grandeza de espíritu de nuestro prócer, es un llamado a que con un Frente Común construyamos el Propósito Nacional de Puerto Rico. Hagamos de este día en que honramos la memoria de Muñoz Rivera el día en que cobró vida el Propósito Nacional de Puerto Rico y  por el bien del país, construyamos un frente unido tal y como él lo hiciera. Honremos su memoria haciéndonos eco de sus palabras en respuesta a las preguntas del juez a raíz de su arresto en momentos en que las turbas asaltaron el periódico El Diario de Puerto Rico:

“¿Ha sido usted procesado alguna vez?

Señor presidente he sido procesado cuarenta y dos veces.

¿Por qué delito?

Siempre por el mismo delito: por amar a mi patria. Por querer hacer una patria donde otros querían hacer colonia. Cuarenta y dos veces he sido procesado por oponerme al despotismo. Por defender al débil contra el fuerte. Cuarenta y dos veces he sido procesado por estar incondicionalmente al lado del pueblo, cuando otros estaban incondicionalmente al lado del gobierno.”

Dios bendiga la vida de Luis Muñoz Rivera. Dios bendiga su memoria. Dios bendiga a Puerto Rico.

Muchas gracias.

 



[1] Discurso de Luis Muñoz Marín el 17 de julio de 1938 ante la tumba de su padre en Barranquitas, Puerto Rico.

[2] Luis Muñoz Rivera.“Paréntesis”. En: Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, año2, número4, 1959, p. 30.

[3] Citado en Fernando Picó, “El Acicate de la Insatisfacción: Luis Muñoz Rivera”. En: Perspectivas sobre Puerto Rico en homenaje a Muñoz Rivera y Muñoz Marín. San Juan: Fundación Luis Muñoz Marín, 1997, p. 113.

[4] Ernesto Juan Fonfrías. “Luis Muñoz Rivera, político”. En: Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, año2, número4, 1959, p. 45.

[5]Poemas y pensamientos de Luis Muñoz Rivera. Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1963, p. 21.

[6] Ibid.

Discurso montado en panfleto.


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